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Manifiesto

A la gente le gusta este sitio, de eso no hay duda. A cada rato me piden más entradas o me sugieren temas. Y he visto que a Constantino también.  Es increíble, porque apenas tenemos veintiún entradas desde febrero de 2012 y la página, a pesar de ello, es un tema que siempre, siempre, entra a colación cuando me veo con alguien, y desde que devine en escritora (como por arte de magia) me gradué de, no sé, autoridad del español. Algo así. 
Explícales, ve y diles por qué es importante la ortografía; por qué la gramática es un asunto que todos tenemos que manejar; intenta iluminar a los jóvenes, propende por mostrarles que es el camino correcto esto de escribir según las normas; incentiva, cultiva, evangeliza (¿qué otro verbo podría ser más preciso para esto, específicamente de ese idioma que nos trajeron desde Castilla para hablar en buen cristiano?) y penetra sus mentes diciéndoles que es vital, fundamental, imprescindible.
Y la verdad es que no. La verdad es que, y no porque se trate de un…

#Jalóndeorejas

Desde hacía ya un tiempo y sin discutirlo siquiera, Constantino y yo, cada uno por su lado, fuimos dándonos cuenta de que, primero, esto de intentar enseñarle a hablar y escribir a la gente no tiene sentido; más porque se trata de resabios y añoranzas, o bien de determinados sonidos, grafemas y pronunciaciones que se quedaron grabados, que por una franca desidia o por aquello que me alegan ciertas personas, dedicadas algunas, por cierto, a la enseñanza del idioma en colegios y universidades de «es que loro viejo no aprende a hablar». Los loros no hablan y, sin afán de hacer menos a otras especies, el ser humano tiene un cerebro que, si se vacía de prejuicios y saberes equívocos, puede aprender lo que se proponga. O bueno, al menos unas normas básicas, porque ni la gramática es física cuántica, ni la ortografía es tan compleja como, no sé, la neurofisiología.  Era arar en el mar. Lo es. Sin embargo, y aquí viene lo segundo, había una molestia por parte de ambos, expresada en tuits, por l…

Propuesta

Definitivamente las personas, por más acceso a la red que haya, solo leen lo que está en los diarios y hacen caso a lo que está allí. A los de gran circulación, por supuesto.  No me quejo por el número de lectores que ahora tengo en comparación con los que tenía cuando escribía en El Tiempo. Me quejo porque es nocivo y dañino, porque si bien todos tienen un columnista de gazaperas, los demás, casi sin excepción, cometen errores garrafales, y ni qué decir de los que llaman «cargaladrillos» (redactores o corresponsales), sus propios editores, directores, etc. A estos es a quienes hay que corregir. No llegar con soberbia y prepotencia tomándoles fotos a los anuncios que ponen campesinos y mecánicos en las entradas de sus fincas o negocios e irse lanza en ristre con burlas y fotos por sus maneras de conjugar los verbos o sus errores ortográficos. En muchos de los casos son arcaísmos, y en otros, no son más que el producto de una pésima educación que se replica en prensa y televisión. Así…

Breves consejos rudimentarios

• Recuerdo que aún era párvula cuando me recitaban "erre con erre cigarro, erre con erre barril. Rápido ruedan los carros cargados de azúcar al ferrocarril". Siempre suena la erre como una erre y no como ere. Ere es, por ejemplo, como suena cuando uno dice preescolar o tratado. Tarado. Así.  De manera que no entiendo, dado el auge de la ciclovía y la bicicleta, eso de que todos anden ecológicos usándolas, por qué, si suena erre, escriben cicloruta. Suena como ciclo bruta, más que ciclo ruta.  Para que suene, recuerde, entre vocales debe haber siempre dos erres o eres. Es decir, la letra esta r en su sonido suave. Ciclorruta y contrarrevolucionario, compañero. Un carro siempre será caro pero nunca significarán lo mismo. Carro es un, como usted sabe, automotor, entre otras cosas. Carro es sustantivo. Caro es adjetivo siempre, salvo en algunos casos, cuando es apellido. No sé, es el único ejemplo que se me viene a la mente por ahora, mientras escribo. Así, sabrá que tal y como…

El síndrome del Quijote

Dice el Diccionario Panhispánico de Dudas que la forma culta, la que aconseja, la que recomienda -¡si bien la otra manera también es válida, que por su uso!- es la de preguntar qué hora es y no qué horas son. Preguntar, salvo que se trate de recriminarle al muchachito que no llegó a las doce sino a las cuatro de la mañana "¿qué son estas horas de llegar?", que también es pregunta, pero retórica. Normalmente no responderá, borracho y asustado, que las cuatro, mamá, ¿no ves el reloj? Ahí explican que esto se debe a que la hora es un momento del día, así solamente la una (de la mañana o de la tarde) sea singular. (¡Por favor!, ya que estamos en esto, procure ser concordante y no salir con que son la una en punto. Ahí tiene que decir que es, no que son, y ya las siguientes siempre serán, así: son las cuatro, son las diez, etc.) Finalmente, como se enredan y fracasan, terminan por decir que ustedes hablan como les entiendan o como les dé la gana, razón que de sobra da cuenta de mi …

Algunos consejos de la nueva Ortografía

Hace dos columnas hablé de prefijos, pero olvidé señalar una norma nueva que aparece en la Ortografía de 2010: el prefijo trans- es ahora tras-: trasoceánico, trasparente, traspasar, trasgredir, trastorno... solamente se usa trans- cuando la palabra que se une al prefijo empieza por ese, así: transexual, por ejemplo. O transustansación. No es que a sexual se le añada la letra ese, se le añade la ene al prefijo.  Hay, sin embargo, quienes se obstinan en seguir escribiendo como antes. Y, de hecho, siempre ha sido así. En 1952 la Real Academia Española eliminó las tildes que consideraban innecesarias: da, dio, fue, ti, fe, etc., y dejó las diacríticas señaladas en esta columna. Recuerdo que mi abuela Lucinés, mujer que me introdujo en el mundo de la gramática, me enseñó a escribirlas así. De igual manera, mi abuelo, aun mis tíos -sus hijos- siguen tildándolas. Es como un tipo de nostalgia, de añoranza, de no querer desaprender lo que probablemente les costó trabajo. Así, al igual que con …

Etimologías

Como se sabe, el lenguaje no es una entidad muerta sino que, por el contrario, es maleable, se trasforma con el tiempo, muta, se permea de nuevas ciencias y aparatos y sus normas se modifican. Parafraseando a Borges, toda palabra fue alguna vez un neologismo.
Por supuesto, no es el mismo español de 1713 (otros dicen que en 1715), que fue cuando se fundó la Real Academia Española, al español que hablamos ahora. Por cuestiones de la vida, durante los años 2002 y 2003 estuve muy alejada de Medellín. Al volver, el lenguaje era sustancialmente distinto, al menos entre las personas de mi edad. Lo mismo se puede apreciar con las películas del cine mexicano de Cantinflas, por ejemplo, o en la misma música de Agustín Lara. El vocabulario que usaban en esa época, a mi parecer, era mucho más rico, más elegante y menos pedestre que el que emplean ahora en cualquiera de las clases sociales mexicanas. Con pedestre me refiero a inculto.
En fin. Dado lo anterior, es aconsejable regirse por la máxima no…