jueves, 25 de junio de 2015

Manifiesto

A la gente le gusta este sitio, de eso no hay duda. A cada rato me piden más entradas o me sugieren temas. Y he visto que a Constantino también. 
Es increíble, porque apenas tenemos veintiún entradas desde febrero de 2012 y la página, a pesar de ello, es un tema que siempre, siempre, entra a colación cuando me veo con alguien, y desde que devine en escritora (como por arte de magia) me gradué de, no sé, autoridad del español. Algo así. 

Explícales, ve y diles por qué es importante la ortografía; por qué la gramática es un asunto que todos tenemos que manejar; intenta iluminar a los jóvenes, propende por mostrarles que es el camino correcto esto de escribir según las normas; incentiva, cultiva, evangeliza (¿qué otro verbo podría ser más preciso para esto, específicamente de ese idioma que nos trajeron desde Castilla para hablar en buen cristiano?) y penetra sus mentes diciéndoles que es vital, fundamental, imprescindible.

Y la verdad es que no. La verdad es que, y no porque se trate de una causa perdida o de que la gente no quiera aprender, ni la ortografía, ni la gramática, ni la sintaxis, ni todo ese corpus que compone su enseñanza y aprendizaje son tan importantes; nunca lo han sido. O lo han sido en cuanto  modales y buen gusto. Como saber con qué cuchillo se parte la carne, con cuál el postre y con cuál, y saben que esto es muy en serio, la ensalada. Hay maricadas para todo, ¡para absolutamente todo! Especialmente cuando se dispone de tiempo y uno puede sentarse a leer tratados de croché, decoración o, sí, gramaticales. Divertimientos burgueses, vaya, que más que propender por una pragmática del lenguaje, hacer del nuestro un idioma inteligible entre quienes lo hablamos, solo complican la existencia del bachiller o extienden las discusiones, cada vez más frecuentes, sobre tal o cual término y su uso adecuado. Pare de contar. Para tener la razón es siempre imprescindible, y entonces no puedo negar que es de gran utilidad cuando a la hora de corregir tesis o monografías, ensayos y papers (hijueputa) que van a presentarse ante un grupo de tarados que tampoco saben de esto lo que deben saber, se trata. Esos, que miden los márgenes del escritico que sea bajo unas normas que nombran con siglas y números; y la justificación, y la viñeta, y la sangría o sangrado o sangrona (es que en serio, yo de eso no sé) pero nunca lo que dice el estudiante, razón por la que, supongo, hay tanto profesional por ahí, con todo y doctorado, más que desocupado (y esto es lo verdaderamente preocupante, disculpen) enseñando en universidades y colegios o esparciendo estupideces en columnas y libros. Pero yo del problema del empleo, desempleo, educación y falta de ella no pienso hablar ahora. Ni de la estupidez, a secas, porque llamarla humana es más estúpido aún. Consciencia, dijo Saramago. Consciencia. 

Pienso en el destino de Prole, en su origen, en sus cimientos y en qué debería o podría terminar siendo. Bien podría quedarse así, como un portal prescriptivo al  que más que nada vienen a averiguar por tildes, según las estadísticas de Blogger. Desde Ucrania, Colombia, Alemania, Australia, Perú, Chile y México. Ah, y el mes pasado estuvo Rusia en primer lugar. Quedarse así, también con mis peroratas y la erudición de Constantino, resolviendo dudas o lo que sea, y ya. Dejarlo hasta aquí, seguir pagando por el dominio (gracias, Juan) para que esta etapa de nuestras vidas no haya sido en vano. 

O empezar a hacer lo que Constantino hizo ya con Silva Romero y venir a escribir, si yo me animo, si a él no le da pereza, si a mí no me ataca una histeria -otra, otra vez- que termine por atrofiarme las ganas de escribir y publicar y, en fin, como decía, cambiar un poco, o del todo, la razón de ser de este proyecto. 


Hace poco, Villegas me escribió esto, a propósito de una pregunta que le hice sobre cómo debe usarse exactamente el patético del inglés en español, ya que en el DRAE, como bizarro, significa otra cosa:

"Hola, Tefi.
Como pasa el tiempo me convenzo más y más de que las discusiones sobre semántica no siempre se pueden ni deben resolver con diccionario en mano (sea el DRAE o el DPD). Antes, yo no me cansaba de repetir que tal palabra significa esto, que no se debe usar de cierta forma, que la RAE desaconseja aquel uso, etc. Hoy me inclino más por la apreciación de la polisemia y del valor del uso por encima de la autoridad o el canon.
Con todo, algunas palabras las uso a mi manera, que coincide con algunos diccionarios o gustos de escritores que admiro. El DRAE no registra patético como algo bajo o indigno, pero por influencia del inglés muchos lo usan así. Y está bien. Creo incluso que ese es uno de los usos predominantes hoy en día, y por eso en el prólogo a tu libro aclaré que hablo de lo patético como de lo conmovedor (y seguiré usando la palabra así). La traducción del uso común de "pathetic" (que ni tan común, pues aquí figura de última y también como voz informal http://dictionary.reference.com/browse/pathetic?s=t) es patético. No hay otra palabra mejor. Creo que la cuestión aquí no es de si hay o no una palabra precisa que exprese esa idea, sino de cómo se usa la palabra (irónica o sardónicamente, queriendo insinuar que lo que podría conmover realmente lleva a otro tipo de lástima, o desdén o burla)."

En todo caso seguiría fiel a su nombre y a su acrónimo. Prole significa descendencia o parentesco. Un conjunto numeroso de personas que tienen algo en común.

Porque el hombre, su devenir, es lenguaje; es lo que lo diferencia (ay, este cliché) de las demás especies: lo traza, lo atraviesa y lo define. Las matemáticas y la música, por nombrar algunos de lo que en la teoría se conocen como lenguajes sintéticos, no son otra cosa que garabatos depurados (mucho) y especializados que nos han permitido crear maneras menos dispendiosas para entender los fenómenos, resolver problemas, componer, descomponer, deconstruir... En un sentido ontológico, y por ende filosófico, todo lo que es se nombra, por más inenarrable que algunas cosas nos resulten (el hecho de que podamos nombrar aquello que no puede nombrarse con palabras es una bonita paradoja). Así, aquello que alguna vez fue “solamente” un conjunto de palabras, “lo que en principio era el verbo”, terminó por convertirse en algo tangible gracias a necesidades que llevaron a muchos a transgredir normas y desafiar autoridades — y no solo, o ni siquiera, ortográficas, semánticas, gramaticales porque, como ya lo dije, esto nunca ha sido realmente importante. Lo “presentido” desde la filosofía, la religión, la teología, la literatura, el cine y la ficción, mucho de ello ahora es comprobable, probable, factible y verificable por la necedad de aquellos.

Una lengua -esta, la española, desciende de otras muchas (latín, griego, árabe) que a buen seguro terminará, debido al uso y al abuso, por convertirse en otra, y esa en otra, y así. 

Ahora bien, no puedo dejar de hacer cierta mueca  al escribir que a la Real Academia de la Lengua le vino “en suerte" cumplir trescientos años justamente hace dos. Estaba prevista la vigésima tercera edición para 2013, pues el DRAE se revisa y se recrea cada veinte años. Le vino en suerte en una época en la que a cada segundo aparece un adminículo y, con él, debido a la velocidad de crear y recibir información, neologismos que terminan por crear verbos, inflexiones, categorías ontológicas y discusiones en torno a cómo deberá pasar al español. Si ponen atención, si se fijan, ahora nadie, así su lengua materna sea esta, quiere bautizar a su empresa o invento o lo que sea en este idioma, por lo que el trabajito de castellanizarlo todo, me imagino, se les ha convertido en tremenda tarea. De ahí que aún no haya salido la muy esperada (por los coleccionistas) edición del tricentenario. O porque la plata. O porque ahora “nadie compra libros de papel”. 

Mientras, ni cuenta se han dado entre ellos de lo que hacen ni de lo que escriben. Tal vez es que los académicos y miembros de número de tan pomposa y vetusta institución solo prestan sus nombres, porque las normas que prescriben, y basta con leer a Pérez Reverte, por nombrar solo a uno para verlo, no las cumplen. 

Como sea, Prole se declara en abierta rebeldía y  desobediencia y para de hoy en adelante sus dos miembros se permiten apartarse, en la medida de lo que convenga, de sus dictámenes. 


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