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Mostrando entradas de agosto, 2014

#Jalóndeorejas

Desde hacía ya un tiempo y sin discutirlo siquiera, Constantino y yo, cada uno por su lado, fuimos dándonos cuenta de que, primero, esto de intentar enseñarle a hablar y escribir a la gente no tiene sentido; más porque se trata de resabios y añoranzas, o bien de determinados sonidos, grafemas y pronunciaciones que se quedaron grabados, que por una franca desidia o por aquello que me alegan ciertas personas, dedicadas algunas, por cierto, a la enseñanza del idioma en colegios y universidades de «es que loro viejo no aprende a hablar». Los loros no hablan y, sin afán de hacer menos a otras especies, el ser humano tiene un cerebro que, si se vacía de prejuicios y saberes equívocos, puede aprender lo que se proponga. O bueno, al menos unas normas básicas, porque ni la gramática es física cuántica, ni la ortografía es tan compleja como, no sé, la neurofisiología.  Era arar en el mar. Lo es. Sin embargo, y aquí viene lo segundo, había una molestia por parte de ambos, expresada en tuits, por l…