martes, 4 de diciembre de 2012

Reflexiones sobre el purismo



Los mejores hablantes de una lengua suelen dominar algunas de las lenguas que están emparentadas con la suya. Algunos gramáticos del español estudian con esmero el latín, ya que su estructura nos aclara cuestiones relevantes en nuestro idioma. Como, por ejemplo, el porqué de los superlativos irregulares (en un ensayo previo traté esta cuestión, explicando que el superlativo de célebre es celebérrimo porque en latín se dice celeber; el de acre –acer– es acérrimo; el de bueno –bonus– es bonísimo; etc.). Pero no basta con educarse en las lenguas sabias; también las modernas han influido vigorosamente en nuestro idioma, imponiendo, prestando y cediéndonos palabras y expresiones que se han vuelto de uso común.

Para hablar español con pulcritud conviene saber algo de inglés, francés, italiano y portugués; no estaría de más ser entendido en latín y griego antiguo, así como en lenguas semíticas. Pero no cabe duda de que el inglés es el idioma que más peso impone hoy sobre los demás, el español inclusive. Está presente adondequiera que vayamos. De ahí que saber leerlo, escribirlo y pronunciarlo nos dé una ventaja comunicativa de la que se ven privados quienes creen que el purismo consiste en celar obstinadamente la lengua propia y mantenerla intacta del influjo externo.

Me refiero al purismo trasnochado de la Real Academia Española, que evita y demora la inclusión de extranjerismos, o los adapta de forma tan tosca que sería preferible no tener palabras para expresar ciertas ideas. El Diccionario de la RAE muestra adaptaciones tan grotescas como güisqui (whisky), gánster (gangster) –¿adónde fue la g?– y bisté (beefsteak). Semejantes esperpentos se deben a la ineptitud fonética de la mayoría de hablantes hispanos, en particular los de la península ibérica, ineptitud que la RAE parece defender y exhibir sin pudor, casi orgullosamente. La pronunciación de dichos anglicismos dista muchísimo de su pronunciación verdadera en inglés, cosa que parece no preocupar a los eruditos de la RAE.

Tenemos además la pronunciación idéntica de la b y la v, ratificada en la Ortografía de la RAE y defendida hace poco sin el menor asomo de erubescencia por Fernando Ávila. Pareciese que a los inútiles hispanohablantes nos costara mucho esfuerzo unir los dientes superiores al labio inferior para darle a la v el sonido que franceses, ingleses e italianos pueden darle sin problema, así como se lo dan los alemanes a la letra w. Eso es inaudito. Se defiende la pereza fonética y se evita a toda costa que el hablante hispano se atreva a pronunciar correctamente las palabras de otros idiomas. En esto nos aventajan los angloparlantes, que pronuncian bien palabras como pizza (con la zeta fuerte italiana que semeja al sonido ts), nazi (con la zeta alemana, ídem) y ballet (dejando la te muda, como en francés) y que respetan por regla general la acentuación de otros extranjerismos, en especial los franceses: pâté de foie gras, à la carte, vis à vis, etc.

Los italianos son más abiertos y liberales al dejar que el inglés entre en su cultura. Llaman sport al deporte, jogging al trote, computer al computador, hot dog al perro caliente y weekend al fin de semana. Nadie diría cane caldo; muy pocos dicen fine settimana... En conclusión, saber pronunciar la v con el concurso de los dientes superiores nos prepara para el aprendizaje de otras lenguas que son parientes del español; de igual modo, respetar la pronunciación de ciertos sonidos elementales de otras lenguas (sh, w, z, th en inglés; z, consonantes dobles y gli en italiano; v, w, ö, r, y s seguida de consonante en alemán; r y las múltiples vocales en el francés) le da una estética suprema a nuestro español y nos pone a salvo de la ramplonería infeliz que la RAE y ciertos gramáticos incompetentes llaman purismo. El auténtico purismo no se limita al dominio de la lengua materna, actitud digna de un petimetre sin ambiciones intelectuales. Al contrario, exhibe el esmero por tratar a las demás lenguas como si fuesen propias, con respeto y admiración, buscando siempre pronunciarlas y escribirlas con buen gusto, genialidad y encanto.

Más burda, pero más infrecuente también, es la castellanización de nombres propios. En La experiencia literaria, p. 131, Alfonso Reyes denuncia la simpleza con que Quevedo llamaba Miguel de la Montaña a Michel de Montaigne; con una delicadeza estética infinitamente menor, Baltasar Gracián (que apodó a las claras estrellas de oriente gallinas de los campos celestiales) llamó a John Barclay El Barclayo y al Louvre La Lobera –al vituperio de Reyes podemos agregar el cambio de Pierre Mathieu por el horrisonante Pedro Mateo (cf. Criticón, P. III, Crisis 12, p. 376). Jorge Luis Borges, que sentía un desdén justificadamente similar por esas adaptaciones grotescas, bromeaba sobre el uso de vikingo en lugar de la voz inglesa viking en el diccionario de la Academia. En el futuro (decía Borges) no se hablaría del nobel de literatura Rudyard Kipling sino de Kiplingo.

7 comentarios:

  1. Fue asquerosa la ficción última que pusiste, Constantin. Sin duda alguna una hispano-cultura no tardará en acoplar Kiplingo, lo mismo que Cheskpier o chesqpier, como oí vez alguna a un profesor de Literatura adscrito a un partido nacionalista de la lengua o algo así.

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  2. Menos mal no menciona que en inglés Tiziano es Titian, en alemán Horacio es Horaz y en portugués Platón es Platão... Todas las lenguas solían traducir los nombres propios, así que no se venga a quejar de que es cosa del español. ¿Y se sigue haciendo? No, ya no se hace, salvo con los nombres de papas y reyes. Pero eso es otra cosa.

    No es pereza que no se pronuncie la uve como en inglés, portugués, etc. De hecho pronunciarla así es puro esnobismo. ¿Por qué no pronuncia usted la zeta como lo hacen en Madrid? ¿O la doble ele como en Castilla? Seguramente no es pereza, es que algunas formas caen en el desuso. ¿O bien, la cedilla como en 1400? Tampoco creo que sea pereza. Tampoco es cosa española: a los inútiles alemanes les queda difícil pronunciar la zeta española y a los inútiles ingleses la erre francesa, ¿no?

    Resulta que os bebés aprenden los fonemas que les son útiles para la lengua materna. Si no existe un sonido en una lengua, no importa, el niño no lo aprende y se acabó. (Aunque esto no significa que no pueda aprenderlos más adelante) Por eso es que a algunos les queda difícil pronunciar palabras extranjeras. Tener más fonemas sería impráctico. ¿Ve usted cómo los indios ignoran las sutiles diferencias de pronunciación del inglés? Bueno, tampoco es pereza, es otro tipo de inglés.

    Curioso que no mencione que los ingleses dicen [pi.na.cou.lá.da]...

    ¿Ya que queremos internacionalizarnos por qué no escribir las palabras de origen ruso en cirílico, o las chinas en ideogramas y las griegas en alfabeto griego?
    ¿Y acaso es bueno que el inglés entre en la cultura? ¿Acaso el deporte es demasiado castizo y toca decir «sport»? Ya sabe, por lo cosmopolitas.

    Y una curiosidad: hammock, cafeteria, anchovy, barbecue, buckaroo... Todas son palabras inglesas de origen español, ¿escritas como en español? No lo creo.

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    1. Hola, Pedro. No había leído su comentario, que me parece muy pertinente. Creo que tiene razón en todo cuanto dice, y eso pone en evidencia que mi escrito no es más que una pataleta, un disparo al aire.

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  3. Me hizo esto acordar de escuchar a los angloparlantes, sobretodo gringos, decir 'tamali' a un tamal porque conocen la palabra 'tamales'. Le quitan la ese, hacen de la e una i y luego la vuelven singular. ¿O qué tal los alemanes cuando escriben Columbien? Que o es Kolumbien o Colombia pero no el mezclado. Pero sobretodo que no pueden no hacer la vocal 'o' como 'o' sino como 'ö'. De los franceses, ni idea, es un idioma que no hablo.

    ¡Saludos y #quefelizaño!

    F:

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  4. Borges dice que “El hecho es que el Español adolece de varias imperfecciones; monótono predominio de las vocales, excesivo relieve de las palabras, ineptitud para formar palabras compuestas-Otras inquisiciones-Las alarmas del Doctor Américo Castro”. Curioso que ése mismo monótono predominio de las vocales haya permitido que el muy bien admirado por Borges, -Alfonso Reyes-, escribiese Jitanjáforas. Además, el no muy literario asunto de las vocalizaciones que proliferan en las obras que elaboran, o presienten ésa elaboración, nos permiten enumerar “Que viva la música”, El folklor de tendencia Afro-Hispanoamericana, las ya citadas Jitanjáforas, y las matices fónicas del acento regional Hispanoamericano que pone hincapié, ante todo, en el monótono predominio de las vocales. ¿No es de ése, del monótono predominio de las vocales, el propósito de ejecutar nuestros juegos irónico-lingüísticos? Desde las ejecuciones irónico-lingüísticas de Les Luthiers, como algunos pasajes de Rayuela y otras construcciones humorísticas que se dan por sentadas gracias al predominio de las vocales, el hecho es que el monótono predominio de las vocales no es tan monótono.

    Pero no por ello se puede alentar la mediocridad. Hay hondos y grosísimos problemas entre la vocalización de la “v y la b”, entre otros asuntos de consonantes; creo inútilmente que con un poco más de práctica, el habla hispanoamericano podría acentuar más las consonantes, (o si se quiere: pregonar el monótono predominio de las consonantes, como bien lo atestiguan la música verbal Alemana y la música verbal Inglesa), y que no sólo debe aspirar a la facilidad de la práctica de éste, sino que debe exigirse una más correcta conjunción del acento; conjunción equilibrada entre vocales y consonantes. Por supuesto, dije que inútil porque yo no me voy a cagar en el día de un Costeño porque suele tener predominio monótono de vocales en la acentuación; ésas son, a mi parecer, las más vanas divagaciones.

    Hace notar Borges la ineptitud para formar palabras compuestas. A lo cual no tengo que estar más que de acuerdo.Paradójicamente, no sólo una grave atraso de hoy en día, sino que es histórico, me explico; el Español del Siglo de Oro, (al que yo considero la primera modernización de la lengua en todo su ámbito literario, científico, gramatical) gozaba de las palabras compuestas, muy conocidas si se lee la maravillosa literatura de éste siglo: deste/o, dello/a, hideputa, etc., aunque ésta “SigloOriosa” maestría de formar palabras compuestas ya estaba, mucho antes, en las raíces del Italiano. Recordemos ésto, que es histórico ante todo, que tuvimos y tenemos la posibilidad de un no tan grosero, -como el actual-, sistema de palabras compuestas, neologismos y éstos adefesios de la traducción como “Güisque” en vez de “Whiskey”. Que, ante todo, si pudimos trasponer hijo de puta a hideputa, y al Latino hijueputa, podemos mejorar las deficiencias del Español con aquellas reflexiones de Borges, y las reflexiones de éstas a su vez.

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  5. Por eso es mejor decir Dresden que Dresde

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  6. Vaya, he aquí un inculto defendiendo la utilización de anglicismos...

    ¿Pues sabe qué? Para mí el italiano es una lengua aletargada porque no crea neologismos y acepta cualquier extranjerismo. Ése será el fin de una lengua romance tan bella.

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