martes, 28 de agosto de 2012

Respuesta a Ricardo Silva


Ningún escritor en formación puede perderse los 10 consejos para escribir buenas historias, de Ricardo Silva. Ávido como suele estarlo de palabras de aliento, el escritor en ciernes dará la bienvenida al decálogo de Silva, un conjunto de máximas completamente condescendientes con el lector, sin burlas, sin desafíos, sin ironía. Son justo lo que un individuo dócil y timorato quisiera leer. Escritas en la voz de un profesor de escuela que repite sin tregua lo que él haría en nuestro lugar (“yo, de ser usted...”), las diez máximas parecen destinadas a una cartilla escolar.

“Yo, de ser usted, no corregiría lo que hasta ahora estoy escribiendo (...) porque cuando se revisa lo escrito mucho antes de ser terminado suele correrse el riesgo de llegar a la conclusión de que se está haciendo basura”, dice el primer consejo de la cartilla. Basura que, agrega después, “puede salvarse en la corrección, en la edición”. Esto no puede ser más que un chiste siniestro a costa de los malos escritores. O, peor aún, un truco pusilánime para ganarse el aplauso de aquellos que, escasos de talento, pero no de orgullo, quieren mantener viva la esperanza en un futuro literario. Da pena, en todo caso, la tibieza de ánimo que impide a Silva tener un poco de exigencia con el aspirante a escritor.

Pope opinaba (Dunciad, I, 11) que para distinguir a los buenos escritores es necesario disuadir a los malos de sus ambiciones literarias. Silva hace todo lo contrario: les pide que no abandonen su basura hasta terminarla, pues así tendrán por lo menos un relato de principio a fin. Bonita invitación a la mediocridad.

El tercer consejo repite la fórmula escuelera: “yo, de ser usted, no escribiría nada profundo, no encararía los temas trascendentales...”; ese es el mismo consejo que daba Rilke a su amigo Kappus (Cartas a un joven poeta, I, 12) al pedirle que huyera de los grandes temas y escogiera lo que la cotidianidad ofrece. Grandioso consejo, sin duda, pero ajeno. Y no está mal que sea ajeno, excepto por el hecho de que forma parte del diagnóstico para un joven poeta (Kappus), su destinatario genuino. Pero no es para todo aspirante a escritor. Los temas trascendentales han estado y están al alcance de innumerables escritores maduros.

Ninguno de los consejos es, a decir verdad, adecuado ni objetivo; ni siquiera necesario. Por ejemplo, el sexto recomienda escribir en la lengua propia, y, más aún, en el habla local. ¿Por qué no nos sorprende esta invitación al menor esfuerzo, a lo trivial, a lo sencillo? Sería refrescante el desafío a escribir en otro idioma, un desafío que se impusieron prosistas de primera categoría como Casanova, que escribió en francés; Schopenhauer, que dejó tratados científicos y filosóficos en latín; y Cioran, que renunció al rumano para pulir trabajosamente sus obras en la lengua francesa.

Podemos obviar los demás consejos para llegar al mejor, al décimo. Después de fatigarnos con una colección de lugares comunes carentes de inspiración, que no incitan, no desafían ni asombran, Silva nos invita a hacer nuestras propias reglas. “Que cada quién (sic) haga lo que le dé la gana”. Ese consejo es genial, pero su genialidad se ve opacada por su ubicación negligente. Habría sido más decente ponerlo de primero y así evitarnos esa prescindible cartilla de escuela, catálogo bonachón que no tiene mucho por aportarle a aquel que quiere escribir “buenas historias”.

Pero Ricardo Silva no es del todo culpable. Sus consejos no son, al parecer, deliberadamente pobres. Cualquier consejo sincero en la disciplina literaria está condenado a ser como mínimo inútil, o, en el mejor de los casos, contraproducente. Silva fue muy lejos, con excesiva vanidad, al postularse como modelo de escritor de “buenas historias”. No vio lo irónico de repetir, tan fastidiosamente, lo que él haría si él fuera usted o yo: buscar que los escritores reproduzcan la misma fórmula hueca, siendo todos ellos, de algún modo, Ricardo Silva. Nada de variedad, nada nuevo. Por fortuna él es él, usted es usted, y yo soy yo.

Los escritores no necesitan consejos, ni mucho menos. Tampoco deben imitar una fórmula que parece exitosa. Es ejemplar el caso de Charlie Mears, joven poetastro que figura en El cuento más hermoso del mundo, de Kipling. Un joven que, afanado por aprender a escribir, busca sin descanso el don secreto de la literatura copiando a otros poetas, sin darse cuenta de que él ya tiene en su memoria tramas esenciales que valen más que cualquier poesía. Y eso es lo que los escritores y todos los demás necesitamos: una trama, no para escribirla, sino para vivirla. A menudo olvidamos que la materia prima de la literatura no es el estilo, ni está en el método ni en el decálogo, ni mucho menos en otros libros; la materia prima de la literatura es la vida. Cualquier experiencia profunda es más profunda que un libro. Y, una vez vivida, importa muy poco si llegamos a escribirla.

Bertrand Russell recomendaba hacer el intento de no escribir, y en cambio salir al mundo para colmarse de nuevas experiencias (La conquista de la felicidad, 25). Es lo más sensato. Para escribir buenas historias hay que vivirlas primero. El método es lo de menos. No olvidemos que la literatura es una profanación de la vida, un esfuerzo –pocas veces afortunado– por atajar lo inatajable. Un empeño donde todo consejo es inútil. Si algo debemos ofrecerles a los escritores en formación, en vez de consejos, son nuestras más sinceras condolencias.

17 comentarios:

  1. ¿Y cuál es el problema de que la gente escriba así no sea experta? Si una herramienta de expresión valiosa y el solo plantear volverla de una élite me parece repugnante. Que la gente escriba, así a los perfectos ilustrados del lenguaje les parezca un espantapájaro. El autor prepotente de esta entrada parece un convicto de esos que son recluidos en cárceles para jóvenes que llaman escuelas o universidades, en dónde aprendió muy bien la lección de un mundo desigual: excluir, competir, aplastar a los más débiles y pasar por encima del que sea necesario con al de ser "el mejor".

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    1. Aunque la información que usted mismo dispone como pública en Facebook dice lo contrario, entonces supongo que el solo paso por el Calasanz fue suficiente. ¿Usted entendió eso que yo escribí? Wow increíble, porque yo no soy escritora, ni de las buenas ni de las malas. Es increíble que haya logrado comprender lo que yo quería decir. Debe ser que la escritura no es única para expertos escritores clasistas.

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    2. ¿Cuál Calasanz? Yo soy de Manizales. Y no tengo Facebook. Estás inventando mucho, tienes madera de escritora.

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    3. Ole, Yolima, pero si esto no es un tema de derechos humanos ni de política o inclusión. Se da por sentado que el tipo ejerce la libre expresión y que en estos tiempos todos los medios exigen la escritura como herramienta de expresión, yo no sé qué tan valiosa.
      Esto es un asunto de estética y de principios literarios, y no sé a cuento de qué viene el tema de la educación que ha recibido Constantino en su vida, de qué colegio es egresado o si tiene títulos universitarios, ¿eso en qué afecta? Más válido me parece que él, sin ser quien es Ricardo Silva, un columnista supravalorado al que se lo pelean entre Fidel Cano Correa y los editores de El Tiempo y los Santos de Semana, se atreva a responderle de manera tan puntual y segura, sin miedo de que lo tilden de cualquier cosa.
      Eso sí, de elitista no se vale, ni tampoco de clasista. No hay una sola alusión a este tipo de cosas en este ensayo.
      Termino así: el cincel, sin duda, es una herramienta valiosísima para la humanidad. No obstante, no todos lo manejan como supo manejarlo Miguel Ángel. El talento no se enseña ni consiste en trasmitirlo a través de decálogos bobos. Por tanto, sigo sin entender el porqué del ataque, el argumento ad hominem, las suposiciones absurdas.

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    4. Si Tefa tienes razón. Me retracto. Esta entrada es fabulosa y Constantino es un genio desescolarizado, justo lo que le hacía falta a Colombia. Un abrazo para ti.

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  2. *La escritura es una herramienta de expresión valiosa...

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  3. Qué respuesta. Es que R. Silva entrega la cartillita en forma de un modus politicus. Los que siguen el método sienten que deben sentarse pronto a escribir en un especie de PseudoCostumbrismo simplista.

    Digo modus politicus pues pertenece a la estirpe de Pseudocostumbristas-Coehlianos; cuando Coehlo escribió reciente sobre la seriedad de otros idiomas, como el Inglés, junto a esa pedantería del bussines-writer al respecto de Joyce, no cabe pensar otra cosa que modus politicus del Latinoamericano medio cuando escribe sobre otros idiomas, otras literaturas. Pleonasmo: Si es que un idioma no es acaso una literatura viva.

    Pues es muy curioso esto de Coehlo. No pude pensar en otra cosa que en la superación personal si no importante, esencial al caso, R. Silva escribió la perfecta cartilla del cómo escribir superación personal. Qué le vamos a hacer a R. Silva (Y a la cartilla), ya lo dijo; "Por fortuna él es él, usted es usted, y yo soy yo."



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  4. Qué respuesta. Es que R. Silva entrega la cartillita en forma de un modus politicus. Los que siguen el método sienten que deben sentarse pronto a escribir en un especie de PseudoCostumbrismo simplista.

    Digo modus politicus pues pertenece a la estirpe de Pseudocostumbristas-Coehlianos; cuando Coehlo escribió reciente sobre la seriedad de otros idiomas, como el Inglés, junto a esa pedantería del bussines-writer al respecto de Joyce, no cabe pensar otra cosa que modus politicus del Latinoamericano medio cuando escribe sobre otros idiomas, otras literaturas. Pleonasmo: Si es que un idioma no es acaso una literatura viva.

    Pues es muy curioso esto de Coehlo. No pude pensar en otra cosa que en la superación personal si no importante, esencial al caso, R. Silva escribió la perfecta cartilla del cómo escribir superación personal. Qué le vamos a hacer a R. Silva (Y a la cartilla), ya lo dijo; "Por fortuna él es él, usted es usted, y yo soy yo."



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  5. Sin embargo, no todo el que vive buenas historias las escribe y creo que el argumento contrario también debe cumplirse: no todo el que escribe buenas historias las ha vivido. No es vivir una condición para escribir sino para conquistar la felicidad según Russell (que al menos si no te queda libro, te vayas con una vida feliz). Y bajo la única máxima aceptada por usted de que el escritor debe hacer lo que le de la gana, también puede ser que un autor opte por no vivir historias maravillosas sino más bien imaginarlas y escribirlas. Yo, no obstante, creo que los consejos de Ricardo Silva se pueden reducir a la única máxima que yo aceptaría por obvia y es que para ser escritor hay que escribir. Y escribir requiere una labor operativa. Para mí, los consejos e Silva se refieren a esa labor operativa, no a cómo encontrar la inspiración, esa cada quien la encontrará como le de la gana. Pero al final del día si no se dedican horas a escribir, si no se conserva una hoja así esté llena de errores, sino se ensaya a escribir algo que tal vez no muestre todos los problemas trascendentales de la humanidad desde su nacimiento hasta hoy pero que al menos tenga algo de coherencia, no se tiene nada escrito y está más lejos de ser escritor que el millonario Coelho.

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  6. Yo no sé qué tan buen literato sea Silva. He leído algunas de sus columnas de 'El Tiempo' y leía con frecuencia las críticas de cine de la Revista Semana. Algunas me parecieron buenísimas, otras aceptables, muchas mediocres. Pero creo que el tipo siempre ha sido honesto. Algo similar sentí con los '10 consejos': que el tipo intentó plasmar su visión de la literatura e intentó decirle a quienes les pudiera interesar lo que él como escritor ha podido comprender, lo que él considera valioso. Por eso me parece que esta respuesta es demasiado agresiva, casi una diatriba. Tiene un tono de desagrado contra Silva (no precisamente contra sus argumentos) que parece ser un ataque personal soterrado. A mí los '10 consejos' me parecieron cualquier cosa menos prepotentes. De hecho, en ellos se invita a no tomarse nunca en serio la profesión, a reírse, a dejar de lado la trascendencia y las ínfulas con las que uno suele encontrarse tan frecuentemente en este ámbito. Seguramente son consejos insuficientes o inútiles. Pero no condescendientes.

    No creo que Silva invite a la mediocridad por alentar a que se siga escribiendo hasta el final. Creo que lo que el tipo quiere sugerir es que uno no debe juzgar su texto a medida que lo hace, porque como uno va ahí a la deriva, sin saber muy bien qué tiene entre manos, puede caer muy fácilmente en la tentación de considerarlo basura. Y puede que al final sí sea basura, pero puede que no. Y ese criterio solo lo puede dar el tiempo y la distancia. Eso no es mediocridad. Eso es buen juicio.

    Desacredita usted el tercer consejo porque Rilke ya lo había dicho, y porque ese consejo era dirigido a Kappus. Según eso, solo Kappus podría sacar provecho de él y nadie más. Lo cual resulta un poco exagerado. Acá, de nuevo, me parece que se juzga precipitadamente: lo que Silva está sugiriendo, en mi opinión, es que uno no debería en principio escribir deliberadamente pensando en los grandes temas. Uno no debería sentarse antes de escribir y decir: "Voy a hacer una metáfora de la muerte"; "Voy a retratar la injusticia social de Colombia a través de una familia"; etc, etc. Esos significados deberían ser posteriores. La literatura debe ir fluyendo. Debe ser deliberada solo en la medida en que la historia que se cuenta se vea beneficiada. Porque muchas veces al querer imprimirle significados trascendentales se esquematiza la historia, la vuelve cadáver. Lo que le pudo servir a Kappus puede muy bien servirle a un escritor novel.

    Dice usted luego que invitar a la escritura en la lengua propia, en el habla local, es incitar a lo trivial. ¿Habrá cosa más difícil que plasmar el habla cotidiana en la literatura sin hacer costumbrismo? ¿Podrá alguien decir que la decisión de escribir como se habla es por pereza mental? Yo, personalmente, no lo creo. No creo que por escribir en una lengua ajena, o en un acento ajeno, uno sea mejor escritor que si no lo hace. No creo que la virtud de Cioran o de Schopenhauer o de Beckett se halle solamente en que tomaron la decisión de escribir en otro idioma. Radica en que todos ellos tenían algo que decir. Que utilizaran una lengua distinta a la materna seguro les ayudó en cuestiones estilísticas. Pero si los temas carecieran de interés, ni siquiera la mejor prosa los habría ayudado. El desafío, como usted lo llama, de escribir en otra lengua es una cuestión personal, una decisión de cada escritor, que surge de sus necesidades internas, y que en ningún caso hace a quienes la toman superiores a quienes no. (Continúa).

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  7. (Continuación). Además, ¿cuántas obras magistrales no se han escrito en la lengua propia, en el habla local? Empezando por el Quijote. Por García Márquez. Por Vargas Llosa. Su argumento, por decir lo menos, carece de fundamento.

    Cada quién asume los '10 consejos' "como le dé la gana". Y si de entrada considera que no le van a aportar nada, si para usted este tipo de 'cartillas' son pura basura, no debería perder el tiempo en ellas. Pase de largo y dedíquese a sus cosas tranquilo. Lo que no se debe hacer, creo yo, es deslegitimar, por una aversión personal, argumentos que solo buscan dar una opinión. Cae usted en la misma ‘subjetividad’ que critica: como su visión de la literatura es distinta, lo que Silva dice es basura. Y ahí la discusión se torna imposible.

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  8. Otra negación de la literatura se expresa nítidamente en los jóvenes que se matriculan en las facultades de literatura esperando encontrar allí medios que les permitan acceder únicamente al reconocimiento social derivado de la producción literaria, sí, reconocimiento social materializado en conferencias y cocteles en lo que se celebre su vanidad, o también en una columna de opinión, esos espacios de cuartilla y media brindados por los periódicos para divagar muy superficialmente sobre política (Carolina Sanin o el mismo Silva Romero son paradigmas de esto) . Por lo cual aspiran les enseñen “cómo se debe escribir”, para así poder en el menor tiempo posible, hacer gala de su “superioridad intelectual” ante la sociedad. Algunos de ellos lo consiguen fruto de una combinación de fortuna y publicidad.

    Sin embargo no todos tienen mucha suerte, prueba de ellos son los pobres manuscritos de escritores sin éxito (su suerte se debe acaso a los esquemas mentales reproducidos dentro de la universidad), los académicos que producen articulitos que nadie lee (al menos voluntariamente) o peor aún, los tuiteros desparchados dedicados a opinar de lo divino y lo humano.

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  9. Me reí mucho, jajajaja. ¡Excelenteeee....!

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  10. La gente muchas veces no se da cuenta cuál es su verdadero talento, o se dedica a otras cosas porque es necesario para poder vivir en un país como este.
    Ricardo Silva, a pesar ser haberse atrevido a decirle a la gente cómo debería escribir, es un novelista mediocre, en cuyas novelas se ve que hace falta aquello que recomendaba Bertrand Russell y que cita el autor de esta entrada.
    LAs columnas de Silva muestran a alguien que, aún cuando sabe escribir de una forma razonablemente coherente, no tiene los elementos para hacer un examen crítico de la sociedad y la política. Sobre esos temas es un ignorante (como alguien que se ha formado ante todo leyendo literatura de ficción, lo cual no es malo en sí mismo pero sí insuficiente si se va a hablar de cosas más allá de la literatura) y lo que hace es atacar los mismos blancos fáciles con los mismos argumentos de sentido común políticamente correcto de tantos otros columnistas similares a él (hay demasiados literatos y periodistas mediocres escribiendo columnas; gente que solo se dedica a tratar de mostrar que ellos sí son críticos, que ellos sí son más librepensadores que los demás).
    Como crítico de cine, sus comentarios hacían parecer aburrida a cualquier película (exagero, Mauricio Laurens es peor en ese sentido).
    Sin embargo sus poesías, que aparecen -o aparecían- en su página web, y a las que probablemente no dio tanta importancia, son muy buenas y a mi juicio el mejor vehículo para su sensibilidad. Pero como en Colombia nadie vive de la poesía...

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  11. http://www.letraslibres.com/revista/convivio/organizados-para-no-leer-0

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