martes, 14 de agosto de 2012

El destino del español


El español tendrá el destino irremediable que espera a todos los idiomas. Será cada vez más simple y práctico, perdiendo definitivamente los adornos superfluos que lo acompañan desde su origen. Caerán en desuso las palabras altisonantes, al tiempo que tendrá cabida toda suerte de palabras cortas y efectivas. Si somos afortunados, el español se parecerá al inglés: carecerá de tildes, se escribirá en periodos concisos, y se aliviará de los giros pomposos que enferman a otros idiomas, como el francés y el alemán.

Es apenas natural que los grandes idiomas empiecen a moldearse en torno al modelo del inglés estadounidense. Es bien probable que Estados Unidos mantenga su hegemonía cultural y económica por cincuenta o cien años más, y, gústenos o no, seguirá imponiendo las grandes tendencias de la vida humana. Esto es inevitable, como lo fue el imperio del latín en las artes y ciencias europeas por más de un milenio.

No debemos temer, por cierto, una pérdida de identidad. A menudo oímos el grito que lanzan al cielo los empleados de la nostalgia, cuyo mayor empeño está en lamentar todos los cambios que ocurren, en especial los menos significativos. Son, sin duda, enemigos del tiempo, enfrascados en una pelea imposible, pues el cambio no solo es necesario, sino inevitable. Ya hemos visto a estos individuos amargados por la mala ortografía de los jóvenes de hoy, jóvenes que tienen, sin embargo, un grado de alfabetización que nuestros abuelos no se hubieran atrevido a soñar. Y los hemos visto combatiendo la influencia del inglés, diciendo con ingenuo patriotismo “se habla español”, ignorando, por una parte, el poder y dominio del inglés, y, por otra, las ventajas obvias de hablar varias lenguas.

La identidad no existe. Es una quimera. Nada puede permanecer intacto por mucho tiempo. Aquello que llamamos colombiano con la boca llena de orgullo tiene mucho de español, peruano, venezolano y estadounidense, además de otros mil ingredientes. De igual modo, el idioma castellano es esencialmente latino, primo del francés y el italiano, hermano del portugués. Es una mezcla impura. No podemos preservar la pureza del idioma español, como dicen los aficionados a lo “clásico”, puesto que puro nunca ha sido. Comparado con el latín del Imperio Romano, el español es una degeneración, un extravío; lo mismo que el latín bajo la sombra de los dialectos etruscos e itálicos.

No para ser más puro, sino más práctico, debe el español purgarse de palabras largas y rimbombantes. En otros ensayos he planteado las ventajas de usar palabras cortas y conocidas. Que no son ventajas absolutas, puesto que la literatura necesita variedad de términos y musicalidad. Pero que, en todo caso, ayudan al entendimiento de lo que se quiere decir; y este es, en definitiva, el propósito de la comunicación. Es triste y aun repugnante el estilo preciosista, como lo fue el barroco gongorino. El uso de sustantivos y adjetivos poéticos daña la poesía y ensucia la prosa. Hablar de naos en vez de barcos, de un collar ebúrneo en vez de marfileño (de marfil), de un bastón cupresino en vez de uno de ciprés, son muestras de falso refinamiento e innecesaria fanfarronería. Aceptemos y usemos lo simple, que, como decía Borges, encierra una secreta complejidad.

Quiero terminar este escrito con algunos consejos sobre la morfología irregular del español. La conjugación de algunos verbos no es como se creería intuitivamente, de modo que vale la pena estudiarla. El verbo degollar se conjuga así: yo degüello, tú degüellas, él degüella, etc. Nunca así: yo degollo, tú degollas, él degolla, etc. Lo mismo ocurre con el verbo desollar (yo desuello, tú desuellas, él desuella), descollar (yo descuello, tú descuellas, él descuella), y forzar (yo fuerzo, tú fuerzas, él fuerza). La acción de degollar es el degüello; la acción de desollar, el desuello; y la de descollar, el descuello. También cabe recordar el pasado perfecto simple del verbo andar: yo anduve, tú anduviste, él anduvo. No es estético ni correcto decir yo andé, tú andaste, él andó.

8 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. Los nombres de los idiomas en español no van con mayúscula inicial. Y no sé que hacen aquí Whitman y T. S. Eliot, cuyos poemas son horribles... ¡Puro «name dropping»!

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  2. perdona que sea por acá pero no encuentro otro medio me podrías ayudar con una duda de ante mano gracias, es ¿carné o carnet?

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  3. Es carné en español, y carnet en francés. No se debe decir carnet, porque esa t final es muda en el francés.

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  4. El idioma evoluciona pero me molesta cuando dicen "habian diez persona". Le corrijo al que lo diga. No debería, pero lo hago. También cuando dicen "caer en cuenta". El problema con el verbo haber es grande porque como dice usted en el artículo, eso se va a perder y terminaremos todos diciendo habian diez personas. Es inevitable.

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  5. El idioma evoluciona pero me molesta cuando dicen "habian diez persona". Le corrijo al que lo diga. No debería, pero lo hago. También cuando dicen "caer en cuenta". El problema con el verbo haber es grande porque como dice usted en el artículo, eso se va a perder y terminaremos todos diciendo habian diez personas. Es inevitable.

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  6. El inglés no es un modelo de precisión, ni de falta de ambigüedades. Todo lo contrario. El autor se olvidó de un punto bien importante: la ortografía inglesa. Veamos tres palabras parecidas: «though», «tough» y «through». La primera se pronuncia [dó] la segunda [tóf] y la tercera [zrú]. La verdad es que no veo cómo esto pueda ser práctico, lo que sí son las tildes, porque, si el autor ha aprendido lenguas extranjeras, sabrá que nunca se puede estar seguro (quizás debamos sacar al francés de esta lista) de la acentuación de una palabra. Eso es algo de lo que nadie está libre. Un importante comentarista norteamericano, por ejemplo, pronunció la palabra «cavil» acentuando la última sílaba, cuando una mirada al diccionario nos dice que no es así.

    En cuanto a la simplificación del idioma, sí ocurrirá. Pero no drásticamente; lo máximo que ocurrirá será la desaparición de la tilde del té, del dé, etc.
    Parece ser que los idiomas son cíclicos. En este enlace está todo (http://web.mit.edu/newsoffice/2012/unique-universal-languages-0223.html), pero como me quiero explicar, diré que las estructuras de los idiomas «regresan». Para explicarlo mejor, un ejemplo: la estructura del japonés antiguo es similar a la del inglés moderno, mientras que la del japonés moderno es similar a la del inglés antiguo. Tanto el japonés moderno como el inglés antiguo usan «declinaciones» (entre comillas pues no son estrictamente eso) para marcar el caso (función que cumple un sustantivo en una oración). En el japonés antiguo y en el inglés moderno el caso se marca con preposiciones. Esto, por supuesto, lo explica mejor el artículo. Todo esto quiere decir que las estructuras regresan y que no todos los idiomas terminarán como el inglés ni que la estructura de este sea el fin de todo. ¿Alguien concibe la desaparición de la declinación del ruso? No lo creo. Otra cosa que el autor ignora es que los idiomas no son organismos vivos sino construcciones sociales, unas muy estables en el presente, pues la expansión de la educación ha enseñado el idioma como debería ser y, como es bien sabido, se condena y se excluye a quien no sepa el idioma de cultura de donde se vive.

    La verdad no sé a qué se refiere el autor cuando menciona los supuestos giros pomposos que «enferman» al alemán y al francés. Si se leen los blogs de los académicos franceses (http://www.academie-francaise.fr/dire-ne-pas-dire/bloc-notes) por supuesto que se hallarán giros pomposos (además de un lastimero quejido por la «invasión anglosajona»), pero si se revisa cualquier periódico o revista se encontrará con el mismo estilo seco de los periódicos ingleses, estadounidenses, indios o colombianos. Quizás se refiera a las peculiaridades subordinadas del alemán, pero debo decir que no son giros pomposos, sino una estructura diferente. Me gustaría que me explicara a qué pomposidad del alemán se refiere. Un idioma que sí considero lleno de giros pomposos es el inglés. Solo basta leer The Economist o cualquier artículo de Longform para sumergirse en textos de largas palabras griegas que ni en español usamos. Quizás el autor se sienta tentado a concluir que el inglés ha «conquistado el mundo» debido a la sencillez de su estructura. Pero no, le cuento que es debido al poderío norteamericano (no me estoy quejando de nada) y que dominar el inglés lleva tanto tiempo como dominar el polaco.

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  7. Herr Konstantin, sprechen Sie Deutsch?

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