domingo, 27 de mayo de 2012

Una lengua sin autoridades


Con deliberada vanidad Schopenhauer decía no interesarse por los asuntos políticos de su tiempo, pues tenía la mirada fija en la eternidad, no en las trivialidades pasajeras. Schopenhauer fatigaba sus días con el estudio del hombre y sus accidentes: el arte, las ciencias, la historia, la filosofía y las lenguas. Fue, como es sabido, un filósofo profundo y un científico inquieto. Hablaba fácilmente siete lenguas, incluyendo el griego y el latín; y ponía empeño en la gramática del alemán, hasta el punto de rasgarse las vestiduras por los errores que veía en la prensa y en los libros. Alguna vez dijo que debía dárseles a los periodistas y escritores un latigazo por cada error ortográfico en sus escritos. Este disparate no podría aplicarse en Colombia sin que termináramos dejando sin espaldas a nuestros queridos columnistas, editores y demás personas del ramo. Tampoco en Alemania, ni en ninguna parte, pues hablar bien una lengua es tan raro como inútil. No vio, no supo el gran Schopenhauer que la lengua es, como la política, otra trivialidad pasajera, mudable.

No estoy muy seguro sobre qué significa hablar bien una lengua. Pero estoy convencido de que no consiste en respetar las reglas de su gramática. Imaginemos que en la pintura fuera indispensable respetar siempre las proporciones, ceñirse a los tonos y formas de la realidad. Ignoraríamos la gloria de la pintura medieval y las bellezas del impresionismo y del expresionismo. Lo mismo ocurre en la literatura. Toda agrupación de palabras debe tener, sin importar su destino, una ambición literaria, una tentación a la belleza; malamente, las reglas gramaticales pueden convertirse en una verdadera camisa de fuerza. De ahí que muchas obras clásicas hagan caso omiso dellas. Recordemos la feliz truhanería de Quevedo en sus Obras jocosas o en La vida del buscón llamado Pablos; o, exempli gratia, en el mismo Quijote, del que Fernando Vallejo señaló errores e inconsistencias sin darles mayor importancia, puesto que la genialidad es mucha para acusar tan poca cosa. Nadie en su recto juicio reprocharía una coma mal puesta en el Quijote.

Aparte de la obvia ridiculez de ensombrecer la belleza de una obra en beneficio de su corrección gramatical, tenemos, sin duda, muchos más obstáculos para concluir qué es hablar bien una lengua. Uno importante es la falta de autoridades definitivas. Una academia de la lengua nacional (p. ej. la mexicana) podría admitir varios usos de la lengua náhuatl de los cuales la RAE no tiene noticia o cuya aprobación nunca dará. La situación es aún más curiosa dentro de la misma RAE. Su diccionario, que tiene errores (definición negligente de fetiche, aceptación de membresía) lleva ya un buen tiempo desactualizado, en desarmonía con las demás publicaciones de la academia, como el Diccionario Panhispánico de Dudas o la Nueva Ortografía. De ahí que intentar resolver una discusión con diccionario en mano sea no solo patético sino arriesgado: lo que se defiende podría ya haber sido abolido o corregido (tal vez equivocadamente) en otro de los libros académicos.

Que corregir es una manera de exhibir poder, claro, pero una muy torpe y fastidiosa. Es preferible aconsejar; veamos unos consejos para hablar un español más tradicional, por así decirlo, o incluso correcto, pero no necesariamente más bello ni útil.

Concordancia de número
1. Vemos a menudo frases como esta: yo soy de los que da la propina antes de pagar la cuenta. Ahí hay un error muy difundido, desarmonía de número que no es aconsejable, pues se habla de que uno pertenece a cierta especie de individuos: los que dan la propina antes de pagar la cuenta. En consecuencia, se debe decir así: yo soy de los que dan la propina. Es necesario aclarar que la concordancia debe ser de número y de persona gramatical. Por ejemplo, no se dice: yo soy el único que tengo doctorado, sino yo soy el único que tiene doctorado.

2. En ciertos letreros leemos que se vende prendas para dama; aquí, de nuevo, debe haber concordancia, y como las prendas son plurales, el verbo debe ir en plural, así: se venden prendas... Se arreglan computadores, se compran esmeraldas. Estas oraciones son llamadas de pasiva refleja.

2.1. Cuando se busca resolver la ambigüedad en que el sujeto sobre quien recae la acción pareciese haberla realizado, se usa la preposición a y se deja el verbo conjugado en singular. Estos ejemplos aclaran la idea: se capturó a los ladrones, para expresar que alguien (la policía) los capturó, dado que si dijésemos que se capturaron los ladrones se podría pensar que se han capturado entre ellos. Formas correctas: Se esperó a los invitados, se castigó a los responsables. Estas oraciones son llamadas impersonales, pues el sujeto que realiza la acción no queda establecido.

3. Nunca habremos insistido suficientemente en la desarmonía de número en frases con complemento plural. Les: conviene usar este pronombre de buena manera, en frases en que el error está tan arraigado que hasta suenan raras cuando se dicen correctamente: écheles agua a las matas, pídales permiso a sus papás, no les prenda velas a los santos, yo les hice una broma a mis amigos.

12 comentarios:

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  2. No podría Constantino citar a todos los trasgresores.
    Saramago fue uno que violó todo conscientemente: la puntuación, las mayúsculas, un montón de reglas. Escribía en portugués, sí, pero intervenía en sus traducciones al español, pues su traductora era su esposa, Pilar del Río.
    Pero eso lo ilustró acá el doctor con la pintura y otros oficios.
    Lo que sí no me cabe en la cabeza es uno ponerse a corregir, como dice Constantino que lo hizo Vallejo, a Cervantes, pues el español de entonces no es el español de ahora, y las reglas, la Academia las cambia o las acomoda más o menos, como mínimo, cada diez años. Vaya, ni siquiera puede uno tener reproches ortográficos con Benito Pérez Galdós o Gustavo Adolfo Bécquer, mucho más recientes, por las reglas que regían en sus tiempos.
    Eso sí me gustaría que el ilustre me lo explicara.

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  4. Tefa y Jhonny, Vallejo no odia nada del Quijote. Yo solo dije que señala sus inconsistencias gramaticales pero no les da importancia. En cambio elogia todo lo demás. "El gran diálogo del Quijote", así se llama el ensayo encomiástico.

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  7. Yo no dije que Vallejo odiara a Don Quijote, ni me importa. Me llama la atención que pueda corregirle algo de gramática si, como has dicho y como dije, esta cambia constantemente. ¿En qué se basa? A no ser que tenga pleno conocimiento de la de entonces.
    Por lo demás, ese señor no me interesa en lo absoluto. Me aburre.

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  8. Me divierto y a veces hasta me río con algunas columnas suyas, pero ya. Pare de contar. Para burlones finos, Saramago, ¿ese qué?

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  9. Eso del "les" siempre me ha parecido complicado.

    Recuerdo el otro día, en una institución estaban haciendo una campaña para traer nuevos estudiantes.

    Yo nunca supe cómo era lo correto, pero al final, a las camisetas les estamparon un letrero que decía así: "cuentale a tus amigos". Recuerdo que uno de los argumentos es que sonaba más bonito que cuentales.

    Saludos, buena entrada.

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  10. Si «debe haber concordancia» (con el complemento y no con el sujeto que es se) en esas oraciones impersonales, ¿por qué se dispone de muchos recursos y no se disponen de?
    Y ya que estamos, ¿por qué se busca mejorar las condiciones pero se pueden ver los resultados? En cualquier caso hay una frase que no encaja en la regla dada.

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  11. Constantino, no entiendo entonces lo del le (yo les dije, o yo le dije), que le pregunté en estos días en el tuiter.¿Me puede dar bibliografía para aclararlo?. Creo que lo he dicho mal toda la vida.

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