viernes, 4 de mayo de 2012

Capítulo sobre la brevedad

No soy escritor. Pero intuyo que para los escritores es muy difícil ser breves. Explayarse parece fácil. Y tentador. Al tratar un asunto hay cierto afán por no dejar nada en el tintero, enumerando sus atributos, enlazando con otros conceptos, repasando los detalles más baladíes. Existen, es verdad, motivos para alargar, repetir y demorar la conclusión de uno o más argumentos; son por lo general de jaez artístico. Estos procederes se llaman pleonasmo, cuando se usan palabras en apariencia superfluas a fin de añadir expresividad; y circunlocución, cuando se fabrica un rodeo de palabras para expresar con belleza, energía o industria superlativas algo que cabría en términos breves. El pleonasmo y la circunlocución son herramientas retóricas de utilidad y valor. Pero de ordinario abusamos de las figuras retóricas, degenerándolas en vicios de estilo. El pleonasmo se vicia en redundancia. La circunlocución se vicia en circunloquio. Y del vicio resultan fárragos sin belleza –propiedad que excusa cualquier exceso moral, artístico o filosófico– y sin propósito.

Autores tempranos de la retórica elogian la brevedad (como Quintiliano en sus Instituciones Oratorias). También Cicerón y, con seguridad, cualquier autor respetable. Baltasar Gracián amonedó este canon de la retórica en la frase “lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo”. La brevedad es deseable desde todo punto de vista; el que me parece fundamental es de orden mundano: la vida es tan corta que nada debe extenderse más allá de su justa medida.

Hoy veremos algunas redundancias habituales y la manera de evitarlas. Y veremos maneras fáciles de lograr economía verbal.

Erario público. Por definición, el erario es público. Basta hablar del erario para dar a entender que se trata de la hacienda pública.

Funcionario público. Igualmente, el funcionario es por definición un servidor público. Conviene por lo tanto decir solo funcionario.

Utilizar. Se puede decir usar, ganando en brevedad y sin perder un solo matiz de significado.

Escuchar. Oír puede sustituirlo sin problemas. ¿Qué es oír? Percibir sonidos con el oído. ¿Qué es escuchar? Poner atención a lo que se oye. Pero de ahí no se sigue que lo oído no sea escuchado, es decir, que no reciba atención, como dicen los múltiples sabihondos del idioma que pululan por ahí.

Observar. Ver significa lo mismo, aun en los casos en que no nos referimos al sentido de la vista.

Inclusive. Opino que no significa lo mismo que incluso. Opino que sirve para incluir el último elemento nombrado, para resolver ambigüedades. Por ejemplo, “los empleados trabajarán desde el 15 hasta el 30 de mayo inclusive”, para aclarar que el día 30 se trabaja. Su opuesto es exclusive. En el ejemplo, su uso excluiría el día 30 de la jornada laboral. Volviendo a la cuestión de la brevedad, se puede decir aun en vez de incluso e inclusive.

Cabello. Pelo significa lo mismo.

Colocar. Poner lo sustituye en todos sus usos, mientras que colocar no significa lo mismo que poner. No se colocan quejas ni se coloca atención. Se ponen quejas y se pone atención.

Antes de que/después de que. Uso actual y ordinario de estos adverbios de tiempo y lugar, que, no obstante, era censurado como dequeísmo hasta hace varias décadas. Era correcto decir antes que y después que: “lo presentaré en sociedad después que deje sus hábitos de troglodita”, “trae al gentilhombre de boca antes que entren las libreas”. Aún es válido –aunque inusual– decir antes que y después que. Y es más breve.

***

Me gusta anticiparme a las críticas. Por eso repito que no es malo usar expresiones más largas o aun redundantes si se confía en que añaden algún valor a la frase. Por ejemplo, variedad. O musicalidad. O tonos semánticos sumamente sutiles.

Colofón: padrastro no solo es el marido de la madre respecto de los hijos habidos antes por ella; padrastro también significa mal padre. El sufijo –astro agrega significado despectivo a las palabras: el político incompetente (valga la redundancia) es un politicastro; el médico negligente, un medicastro; el poeta mediocre, un poetastro; el músico inepto, un musicastro; el filósofo sin minerva, un filosofastro.

14 comentarios:

  1. Me parece un flaco favor a la brevedad invitar al uso de palabras menos extensas pero más imprecisas para expresar una idea; luego habría que alargarse en explicaciones de lo que la palabra no expresa y el resultado sería justo lo contrario de la pretensión inicial.
    Creo que en lugar de eliminar el uso de palabras perfectamente funcionales habría que invitar a no abusar de ellas, a evitarlas solo donde no corresponde. No se le hace un favor al idioma si se saca de circulación un verbo como colocar; sería mejor, en mi opinión, usarlo en su forma correcta. Toda limitación que se haga del lenguaje es, a la vez, una limitación a la expresión de los pensamientos, de las ideas.
    Hay, de otro lado, palabras que sí resultan inútilmente extensas y que son perfectamente canjeables por sus vecinas más breves, como movilizar por mover, causales por causas, concretizar por concretar (el Diccionario del argentino exquisito, de Adolfo Bioy Casares, está lleno de estos deliciosos ejemplos).

    Me parece bonito este proyecto, Constantino. Procuro no acercarme a él como espacio pedagógico -que me parece tan aburrido- sino como uno de charla, de intercambio. Me encantaría, si me tomas la propuesta, una entrada sobre las esdrújulas. Me gusta mucho la estructura de estas palabras e invitaría, por ejemplo, a que cada quien haga un listado de sus diez esdrújulas favoritas.

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    1. Cáscara, plátano, escuálido, sépalo, romántica, semántica, gramática, extática, eufórica, misántropo...

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  2. Este es un espacio de pedantería en el que pontificamos y, por accidente, terminamos enseñando.
    Somos reyezuelos de este reino restringido y poco conocido, así que de ahí que propendamos por un uso del español más pragmático y práctico que bonito, pues no es este un taller para escritores.
    No, Mónica, no es cierto. Gracias por comentar y sugerir, ojalá que Constantino te tome en cuenta.

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  3. Mónica señala una práctica muy extendida y conocida como 'sesquipedalismo'. No obstante creo que Constantino tiene razón en la práctica totalidad de ejemplos que trajo a colación en esta entrada. Sobre el 'antes (de) que' y 'después (de) que', prefiero la forma dequeísta, pues es coherente con 'el antes de [algo]' (y seguramente porque no sufro de 'dequefobia').

    Casualmente esta semana manifesté en Twitter mi desazón por una práctica muy extendida, especialmente en el sector público, de omitir sin razón aparente el 'que' en expresiones como "solicito que me envíe tal documento". Algunos me respondieron, y supongo que tienen razón, diciéndome que esa práctica está emparentada con la de los 'dequefóbicos' acérrimos que, en medio o quizás para ocultar su ignorancia, evitan a toda costa el 'de que' aun en las ocasiones en que es correcto ('darse cuenta de algo', 'olvidarse de algo', etc.)

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  4. Yo también estoy de acuerdo con Constantino. Y con Julián.

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  5. Usted me recuerda mucho al "On the study of Latin", de Schopenhauer. http://www.merriampark.com/schopen.htm

    Aunque estoy muy de acuerdo, no me parece creativo aconsejar la brevedad. La escritura debe de ser diversa, pienso, para que de paso a la brevedad. Veamos el lado bueno a la cosa: la brevedad no existiría sino hubiera escritores Franceses...

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    1. Schpenhauer escribió en alemán, no en inglés. Si se quiere citar el título origina, pues se hace, pero meter idiomas terceros no se vale. ¡Ay esnobismo!

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  6. Oír y escuchar da lo mismo en un entendimiento común. Sin embargo, no quiero oír "from the new world" sino escucharlo. Ni es recomendable escuchar a cierta chica, o a cierta gente del vulgo, necia y fanática. Y por qué habría de observar a los Colombianastros si puedo ver, que no requerirá de un desgaste.

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  7. Creo que dejé un comentario sobre los neologismos en la página del Facebook. Al parecer a Tefa no le gustó mucho; yo entiendo. La costumbre de tildes y florituras romances es más chimba que, de un día a otro, traer una casi imposible empresa de Neologismos al castellano. Y estoy de acuerdo que, por el momento, sólo sea patrimonio del ambiente literario. Algún día...

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    1. Yo no dije que me hallás borrado el comentario. Sólo citaba la conversación: por cierto, me gustaron muchas aclaraciones del Latín, entre otros...

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    2. Perdoname, Johnny, pero es hayás. Siendo una página de gramática y ortografía no puedo evitar corregirte al menos eso.

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  8. No, descuide, me gusta aprender todo el tiempo. !Qué error tan feo!, como caer en anfibologías, pues no has borrado nada ni yo te acuso. Gracias por no evitar corregirme...

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  9. El castellano hace ver a los padrastros y madrastras de manera despectiva. De ahí tan difícil relación a veces entre estos y los hijos de su pareja? El inglés dice escuetamente step-father y step-mother, algo que no sabría traducir. Finalmente, el francés de manera hermosa los llama beau-père y belle-mère (también se les llama así a los suegros) es decir, bello padre y bella madre. Los hijastros son los beaux-enfants.

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