jueves, 29 de marzo de 2012

Herencias latinas e italianas

No cabe duda de que la gramática es una ocupación infecunda; en ella persistimos quienes gozamos del ocio a costa ajena. Pues son indispensables quienes ocupan sus días en atender a lo mundano, y aun lo son los de profesiones tan aberrantes como la sociología y la antropología. Pero no los gramáticos, sanguijuelas de la inseguridad humana, que venden certezas desechables a los individuos que son bastante ingenuos para creer que vale más un disparate con tildes que sin ellas, y, en sentido contrario, que vale menos un buen concepto por su negligente puntuación.

Visto, entonces, que no doy mayor crédito a lo que hago y digo, y que creo entender que se me lee con indulgencia por mis veintidós años de experiencia, parece ya superfluo recordar que lo aquí explicado carece sobre todo de carácter reglamentario. Quien busque entender la estructura gramatical del español hará mejor en acudir a la Real Academia Española.

Adjetivos superlativos
A menudo oímos decir “Javier es amiguísimo mío”, o “me sirvieron un café calientísimo”, o “pateó fuertísimo la pelota”. Y esas frases, aunque aceptadas en el habla coloquial, podrían molestar a quien conoce otras formas superlativas afines a la raíz latina de aquellos adjetivos. En los casos anteriores son amicísimo (del latín amicissimus, superlativo de amicus), calentísimo (del latín calentissimus, sup. de calens, -entis) y fortísimo (del latín fortissimus, sup. de fortis). Quien tiene nociones del latín identificará sin problemas la raíz de origen y armará a su arbitrio el superlativo, descubriendo voces tales como crudelísimo, sacratísimo, antiquísimo, enemicísimo, bonísimo, celebérrimo, aspérrimo, acérrimo, nobilísimo, agradabilísimo, entre otras. No hay, sin embargo, nada de malo en fabricar el adjetivo superlativo bajo la guía del sentido común, así: cruelísimo, sagradísimo, antigüísimo, etc. Sé que la RAE no admite, en su habitual contumacia, la construcción antigüísimo. Ahí tenemos otro ejemplo de la condescendencia a medias con las costumbres de los hablantes promedio.

Los espaguetis y los grafitis
Ciertas palabras que proceden del italiano, en su forma plural, son frecuentemente usadas en el español como si fuesen singulares. Por ejemplo, se habla de espaguetis para referirse a los cilindros de pasta. Defendiendo un purismo extremo, se diría que la voz italiana ya está en plural ([gli] spaghetti) y que así debería usarse en el español ([los] espagueti), aplicando la misma norma al singular (spaghetto –diminutivo de spago–) en español (espagueto). Un purista diría “vamos a cenar unos espagueti”, o “¡qué espagueto tan largo!”. Sin embargo, la RAE no censura el falso plural espaguetis, y aun lo registra como la manera más usada. Por fortuna, aplica la misma determinación con la palabra grafiti, que se usa en singular para hablar de un letrero o dibujo pintado en una pared. El plural es grafitis. Con todo, la RAE asegura que es más acertado, desde un punto de vista etimológico, el uso del singular grafito (del italiano graffito).

Las palabras claves y los hombres lagartos
Todas las academias son monstruos del intelecto, adefesios donde mil hombres estultos no suman un varón de buen discurso. Tenemos en la RAE una prueba palmaria. Las academias, quiero decir, producen sin descanso miles de artículos perogrullescos en que el conocimiento ha llegado al colmo de la especialización, y se diserta sobre el inciso de la cutícula de la cutícula de la cutícula de los horarios preferidos por los adolescentes en las Islas Salomón para hacerse la paja. Por mamar el gallo escogen nuestros académicos, al azar y con pereza, algunas palabras que puedan impresionar a las cabezas planas, como descolonización, complejo de Edipo, anti-Edipo, (des)centralización, alteridad, de-cons-tru-cción, etcétera. A estas palabras las llaman palabras claves. Que no lo son tanto, pero nos ilustran un caso en que dos sustantivos forman una unidad semántica donde el segundo sustantivo califica al primero, a manera de adjetivo. También se puede decir palabras clave, a imitación de casos en que el segundo sustantivo no puede ser perfectamente adjetivo, como en hablantes promedio, hombres pájaro, hombres rana, hombres lagarto (aunque sí hay hombres lagartos como el eterno lagarto, Jotamario Arbeláez).

Dentro de una semana tendremos aquí una columna de Estefanía Uribe Wolff.

2 comentarios:

  1. Buenas. Acabo de llegar. Tengo curiosidad por eso de que la antropología y la sociología son "profesiones aberrantes". Me gustaría mucho saber porqué lo dice. Saludos.

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    1. Lucía: aberrante significa inusual. Ambas son profesiones inusuales respecto de otras mucho más frecuentes, como el derecho y la administración. Saludos.

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