lunes, 27 de febrero de 2012

Adiós a las tildes

En todo momento y lugar encontraremos individuos embargados por la nostalgia de aquella época dorada en que las cosas sí iban bien. No hay consenso sobre las fechas del esplendor humano, pero los nostálgicos suelen fecharlo en sus años de juventud. Entonces todo era diferente: los jóvenes aprendían los rigores de la gramática latina y ensayaban variaciones bajo la pluma de Píndaro y Esquilo. En los cafés se debatía con elocuencia sublime la política local, y era regla citar únicamente a las verdaderas autoridades en su idioma original. Por supuesto, cada hombre componía importantes tratados filosóficos sobre el ser y sus accidentes, a la par que dedicaba a su amada –mujer irreprochablemente digna– sonetos petrarquescos, recitándolos con voz límpida en intacto toscano.

Faltaba únicamente que volaran las perdices a las brasas para tener el país de Jauja. Las dulces crónicas de Euhemerus eran exiguas para retratar las mieles áureas de semejante paraíso terreno. Pero lo bueno nunca dura, y sobrevino la corrupción del mundo, la ruina de los antiguos valores, de la vieja enseñanza. Es difícil determinar el momento en que todo entró en decadencia. Sabemos que fue el siglo XX para Ortega; el XIX para Schopenhauer; el XVIII para Leopardi; el XVII para Burton. También el VI a. de C. para Heráclito. Muchos dirían que es el año 2012. Es más lícito pensar que fue el plural momento en que dichos hombres, y todos los demás, abandonaron las fantasías de la niñez y empezaron a ver el mundo más o menos como es. Colisionaron, como es natural, con la adultez. Y con los años se recobraron del golpe, logrando un juicio maduro, capaz de discernir entre lo fantástico y lo real; por ejemplo, Schopenhauer entendió que el mundo siempre ha sido y será igual de malo, pues lo es su esencia, la Voluntad.

Sin embargo, lo cierto es que muchos individuos no alcanzan nunca un raciocinio defecado, y siguen añorando las quimeras de un tiempo que nunca fue. Obsesionados con el detalle, lamentan el desuso de lo tradicional: la bella caligrafía, la correspondencia, la ortografía correcta. Creen que los jóvenes de su generación eran sui generis, todos sabios, cultos y decentes por igual. No como esta cáfila actual de rebeldes irrespetuosos, que acortan las palabras en sus mensajes de texto, de Messenger y de Facebook, propiciando el “acelerado desmoronamiento de la buena ortografía”. Y es que antes sí era buena la ortografía, porque antes las cosas iban bien.

Pregunto: ¿quién de nosotros tilda hoy la palabra bajo? ¿Ninguno? ¿Olvidamos la recomendación de Marroquín? Hay que tildar la palabra bajo (bájo) siempre que haya riesgo de anfibología; por ejemplo, “conversaban bájo Fernando e Isabel”, para dar a entender que hablaban en voz baja, no vaya un incauto a pensar que se hablaba bajo el reinado de dichos monarcas. ¿No era genial nuestro presidente Marroquín? Todo el tiempo se encuentra uno con esos dilemas de intrincada polisemia en que necesita referir la conversación de dos individuos que casualmente llevan los nombres de una pareja real. ¿Verdad?

Y ya nadie usa esta tilde. ¿Cómo es que nunca oímos el grito en el cielo por su ausencia? Pero sí hay muchos que lamentan la falta de tilde en los pronombres demostrativos (este, esta, aquel, etc.) y en el adverbio solo. Y de tal manera que rehúsan aceptar la recomendación de la RAE y siguen orondos con sus tildes obsoletas; tildes que violan la norma de acentuación de las palabras graves terminadas en vocal, pero ¡qué importa! Por algo estaban ahí esas tildes, y qué pereza quitarlas; no vamos a enredarnos: mejor inventémonos el pretexto de que puede haber doble sentido. (Sobre la falacia del doble sentido recomiendo leer mis últimos comentarios a esta entrada).

Con frecuencia los lamentos por las tildes perdidas vienen de quienes no entienden muy bien la función que estas cumplen en un idioma. Que no es una función primordial, pues varios idiomas prescinden de ellas; como, por ejemplo, el inglés, uno de los idiomas más propensos a la polisemia (pues los verbos en modo infinitivo se escriben igual que miles de sustantivos). En realidad, la tilde existe para indicar la pronunciación al que no ha oído cierta palabra; pero, una vez oída, y conocida la forma de pronunciarla, la tilde es innecesaria. Quienes se molestan por la ausencia de tildes y ven allí un detrimento cultural ignoran que el lenguaje oral precede al escrito; son como los cabalistas buscando propiedades mágicas en las permutaciones de las letras y sus signos auxiliares. La tilde está ahí para aprender a decir la palabra; no es que la palabra lleve acento en determinada sílaba para saber escribirla con tilde.

En resumen, vale la pena celebrar el desuso gradual de ciertas tildes; nuestros abuelos se acostumbraron a no tildar la a preposicional (á) ni las conjunciones (é, ó, ú), ¿por qué no podemos nosotros habituarnos a los demostrativos y al adverbio solo sin tilde? Dejémonos de apegos caprichosos. De una vez por todas. La supresión de la tilde disminuirá las probabilidades de escribir mal las palabras que hoy la llevan. Lástima por aquellos que más disfrutan cuanto más marcada esté la diferencia entre la expresión correcta y la incorrecta.

* * *

Incluyo una sección de consejos, pues no todo puede ser arenga contra los nostálgicos.

1. Muchas palabras admiten una variante sin tilde, que se asemeja al uso en el habla cotidiana. Tal es el caso de maníaco, hipocondríaco, austríaco, ilíaco, que solemos pronunciar sin hiato, y por tanto conviene escribir sin tilde, así: maniaco, hipocondriaco, austriaco, iliaco.

2. Intente ser consecuente: si usted prefiere decir ícono, médula y élite, escríbalas así, con tilde; no hay nada de malo en escribirlas sin tilde, pero es bueno que haya concordancia entre su forma de hablar y escribir.

3. Evite hacer énfasis en la sílaba equivocada. Mendigo es quien pide plata, y méndigo es un mexicanismo para referirse a algo muy malo. No diga ígnaro, como Santiago Moure, sino ignaro, que es palabra grave; pues usted corre el riesgo de parecer ignaro si dice ígnaro.

4. Los hombres son analfabetos y las mujeres son analfabetas, aunque, para pesar de los nostálgicos, el analfabetismo es cada vez menos frecuente. El gran escritor y gramático de dudosa calidad Fernando Vallejo acusaba a los lectores de La Biblia de analfabetas, llegando a parecernos un analfabeto más.

22 comentarios:

  1. Te doy toda la razón, pero te suelto la pregunta de si creés que deba eliminarse también la tilde que diferencia "sí" de "si" y la tilde interrogativa o exclamativa que se le pone a "qué", "cómo" y "cuándo".

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  2. Sí, me parece que conviene eliminar esas tildes, y también la de "más".

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  3. Si vas al Diccionario panhispánico de dudas, encontrarás que ellos ya admiten que a los hombres se les diga analfabetas y no analfabetos. En esas cosas sobre la RAE sí te doy toda la razón.
    A mí me parece importante aclararles a las personas que no todos lo que admite el diccionario es necesariamente lo correcto. O no, más bien digamos que lo docto, lo adecuado.

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  4. Perdón, que no todo lo que admite el diccionario...

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  5. Y de la diéresis y otros signos ortográficos, ¿qué piensas? También, ¿crees que el francés, el catalán y otros idiomas que usan estos signos deben eliminarlos?

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  6. A mí me importa un culo que los franchutes eliminen o mantengan sus tildes. Si no recuerdo mal, papá decía que las tildes en el francés indican matices de pronunciación más complejos. Pero no sé nada del francés.

    Sé que varios dialectos itálicos conservan acentos graves y agudos, pero el italiano es, en ese sentido, más simple, pues solo mantiene el acento grave (`) en las palabras agudas: perchè, così, laggiù, città, etc.

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  7. Encontré esto en el Diccionario Panhispánico de Dudas (versión en línea): "No debe usarse la forma analfabeta para el masculino, como si fuese común en cuanto al género".

    Si ya cambiaron de parecer a raíz de la vasta difusión del error, entonces por la magia de Aladino la expresión se vuelve correcta, y Fernando Vallejo deja de estar equivocado.

    A decir verdad, no había pensado en la diéresis. Recuerdo que en tu blog discutimos su función de trasformar un diptongo en hiato para añadirle una sílaba a determinada línea poética. Su uso corriente (güeva) me parece más o menos útil, pero no imprescindible. Alguien podría confundir güifa con guifa ¡horror!

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  8. Perdón, me equivoqué, el que aceptaron fue el de autodidacta. Mira lo que dice:
    "‘[Persona] que se instruye por sí misma’. Aún sigue vigente su uso originario como adjetivo de dos terminaciones, una para cada género: «Murray era un erudito autodidacto» (País [Esp.] 2.4.89); «Habla con la seguridad que le da ser una autodidacta» (Universal [Ven.] 15.10.96). Pero hoy es más frecuente usar la forma autodidacta también para el masculino: «Un emigrante listo y autodidacta» (Llamazares Río [Esp. 1990]); «Este arquitecto indio autodidacta estaba construyendo las magníficas iglesias de Potosí» (Fuentes Espejo [Méx. 1992])."

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  9. Piensa lo de la diéresis y me dices. Y también si la cosita que tiene encima la eñe puede ser abolida, según tus criterios.
    ¿Cómo es que se llama? Yo me sabía el nombre.

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    1. ¡Gracias! Siempre digo vergulilla, ¿qué dirá un psicoanalista?

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  11. Cuando era niño y entrando en la adolescencia, yo pronunciaba la erre como "egge". y entonces decía "peggo" ( en lugar de perro) "caggo" (en lugar de carro).

    Dada esta situación, medio fastidiosa, yo pensé "la chimba, nadie se vuevlve a burlar de mi pronunciación" y empecé, de a poco, a desplazar a la "erre" de mi vocabulario a través del uso de sinónimos. Así, al carro le decía auto, al perro, canino y así.

    Hacía todo lo posible por evitar su pronunciación. Por supuesto que me fue imposible eliminarla.

    Traigo a colación esta historia porque de alguna manera la desaparición de tildes exige, en mi opinión, un vocabulario más amplio, más rico que facilite su desaparición.

    Yo no sé cuántas palabras tiene el ingles o el alemán (¿vos sabes Constantino?), pero supóngo que dadas nuestras tildes es mucho lo que economizamos en palabras.

    Por ejemplo: nosotros decimos por qué para preguntar y porque para responder. En inglés son dos: why y because.

    Veamos las palabras: Hábito, habito y habitó. En otro idioma, son son tres palabras. aquí la misma con tres siginificados, sólo cambia el acento.


    Debe ser por mi profesión, pero a mi si me parece que en esta "era de la inmediatez", donde todo es pa ya, ahorrarse unas cuantas tildes mientras pineamos resulta muy valioso. La economía de las palabras, que ahora no son un lujo sinó una necesidad, demanda su acelerada desaparición. Así, a muchos nos gusten.



    Saludos.

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  12. Harold: el inglés es un idioma muy rico, lleno de giros y expresiones de otras lenguas, cualidad que tristemente no tiene el español, pues los ilustres papagayos de la RAE rechazan la mayoría de extranjerismos o los adaptan de forma groserísima (por ejemplo, güisqui por whisky, gánster por gangster, bisté por beefsteak).

    Me parece que el de why y because es apenas un ejemplo que no dice nada de la tendencia real. Al contrario, el inglés es de seguro más propenso a la polisemia que el español. Aparte de los abundantísimos casos que mencioné en que el verbo en infinitivo es idéntico al sustantivo (play es jugar y es jugada, fly es volar y es mosca, stay es quedarse y visita, show es mostrar y espectáculo, etc.), muchos de ellos son también adverbios y adjetivos (live es vivir -verbo-, vivo -adjetivo- y en vivo -adverbio-).

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  13. Esto dice la RAE en Twitter: "Las propuestas y sugerencias relacionadas con el Diccionario de la RAE pueden enviarse aquí: unidrae@rae.es".
    Animate, deciles todas estas cosas.

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  14. Tefa: me da pereza escribirle a alguien que no sé muy bien quién es. Escríbeles tú, y de paso diles que detecté un error en su Diccionario, en la definición de la palabra "fetiche". Que tengan la amabilidad de adivinarlo y enmendarlo.

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  15. Excelente columna!

    Estoy muy de acuerdo con la abolición de las tildes y con la sugerencia de Harold Londono de enriquecer nuestro vocabulario para evitar la ambigüedad. Sobretodo, apreciaría mucho que esa virgulilla desapareciera en primer lugar por lo difícil que es escribirla en los teléfonos y en los teclados internacionales.

    Hablando de idiomas internacionales, ahora que hablo un francés intermedio me doy cuenta de que mi ortografía al escribirlo no es muy buena. Las tildes allí son mucho más redundantes e innecesarias para entender el significado. Para mí son solo adornos, dado que todas las palabras en francés son agudas. Gran ejemplo les daríamos dando ese paso nosotros.

    Oye, y el error en la definición de fetiche es que dicen: objeto (...) al que se le atribuye poderes, pero deberían decir atribuyen?

    Perdón por las tildes, por las que puse.

    JEJE

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  16. Penélope: de acuerdo. Y sí, el error en la definición de fetiche es ese. Pero los muy soberbios -o ignorantes- paquidermos de la RAE no lo reconocieron. Tefa les escribió y respondieron que todo está bien. De ahí nuestra idea de fundar una nueva academia de la lengua, elevadamente pomposa y harto más inútil que la actual.

    Gracias por participar.

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